Tal día como hoy, el 24 de marzo de 1537, embarcaba en Sanlúcar de Barrameda, uno de esos #exploradoresolvidados que Miquel Silvestre se empeñó en recordarnos en su libro Nómada en Sudamérica.
Alonso de Monroy nacía en 1510 en Salamanca, hijo de hidalgos. Poco más se sabe, salvo que debió recibir educación de niño, pues sabía escribir y firmar.
El 24 de marzo de 1537 embarcaba rumbo a Perú. Se sabe que en 1539 estaba con Pedro de Valdivia, Francisco Martínez y Cristóbal de la Peña para organizar una expedición a Chile. La relación con Pedro de Valdivia debió ser excelente, pues éste lo nombró teniente general del cabildo de Santiago del Nuevo Extremo.
Estando al cargo de la ciudad de Santiago con treinta y dos jinetes y 18 infantes, el 11 de septiembre de 1541 los indios araucanos atacaron la nueva fundación. Aunque Monroy y sus hombres lograron repeler el ataque, la ciudad quedó arrasada e incendiada. Tras el ataque, y cito el libro de Miquel Silvestre, "él regresó con cinco compañeros a través de Atacama hasta Perú para buscar ayuda. Lo capturaron los indios, mataron a tres de ellos y él se escapó con otro soldado. Protagonizó la fuga de Monroy".
El otro soldado que logró huir era Pedro de Miranda. Había un tercer español que había sido apresado anteriormente y que logró escapar con Monroy.
Antes de partir de Santiago, para facilitar el transporte del oro con que se pagaría la ayuda, y para mostrar la riqueza de la nueva tierra, se hicieron fundir de este metal las estriberas de las monturas, las guarniciones de las espadas y un par de copas.
Logró volver a Santiago junto a 70 jinetes el 20 de diciembre de 1543.
En 1546, estando en Lima con intención de volver a España, falleció a la edad de 36 años a causa de una infección.