15/07/2023
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Voy a ser sincero con vosotros: pensaba que los meses de julio y agosto serían también periodo vacacional escolar para este contador de historias.

Sin embargo, durante el almuerzo “Pensat i Fet” propuesto por nuestro delegado en Hortunas el pasado 15 de julio, nuestro compañero y amigo Toni Mollá tuvo la brillante idea de solicitar una crónica de lo que iba a ser una aventura para ver las estrellas. ¿Cómo iba a negarme a esta petición después de que hayamos puesto a la venta su VFR con motor Mobyllete?.

Después de un entrañable almuerzo-motero (nombre oficial de plato que nos sirvieron) cada uno de nosotros dirigió rumbo a su destino. Unos a tomar el baño en la piscina, otros directamente ya habían acudido a la playa y J. Carlos y yo seguíamos nuestro viaje al Observatorio Astrofísico de Javalambre.

No os voy a contar detalles de la ruta que hemos seguido porque es la misma que nos llevó a Teruel en nuestra Moto-Trobada de Bronchales y que habéis tenido ocasión de leer en el relato de ese evento. Tampoco es el motivo de estas notas escritas.

El resumen de este artículo es sencillo y lo conocéis bien: SILVER READER MOTOCLUB. Lectores de Miquel Silvestre.

Ahora mismo os estaréis preguntando si me he tomado varios cremaets seguidos y abundante cazalla, pero no hay alcohol que corra por mis venas ni humo que salga de mi boca.

Esta historia va de poner en valor lo que hemos conseguido crear, en un breve espacio de tiempo, en nuestro Motoclub.

Hemos vivido una desafortunada experiencia en nuestra expedición Javalambre, salvada y convirtiéndola en fabulosa, gracias a nuestro espíritu Silver Reader.

Ha sido un encuentro con motoristas o moteros que nada tenían que ver con las vivencias que ocurren en nuestros encuentros nacionales, en los moto-esmorzarets o moto-trobadas.

El desorden, la falta de organización, la despreocupación por los asistentes, la inoperancia y un cúmulo de despropósitos eran la tónica general de esta expedición.

Esto ha originado en nosotros una importante reflexión: la calidad humana y el interés general en cada uno de los integrantes de nuestra delegación que contribuyen al éxito y el enriquecimiento personal en cada una de nuestras reuniones.

Empezando por el esmero y la perfecta organización por parte de nuestro delegado en la gestión de cada evento y la seguridad que nos ofrecen Pepe o Toni siempre en la retaguardia guardando nuestras espaldas para evitar que quedemos aislados o equivoquemos el camino. Acudimos sin preocupación porque sabemos que entre todos vamos a conseguir jornadas inolvidables de paisajes, cultura, conducción, conversación, risas, buena gastronomía, etc… Sólo damos contacto a nuestras motocicletas y el resto fluye de manera natural.

De la misma manera funciona con nuestra directiva nacional. El trabajo que supone organizar reuniones para tantos asistentes con las dificultades que hay que superar, el funcionamiento de las redes sociales, la gestión de los montajes y desmontajes de la infraestructura necesaria para el disfrute de los socios, los menús, los cobros, los pagos y un sinfín de tareas que nuestros compañeros realizan con la única recompensa de ver nuestra cara de felicidad disfrutando de su desinteresado trabajo.

SOMOS AFORTUNADOS. Sí lo escribo en mayúscula. Somos afortunados de que en nuestra pasión por la moto, los viajes y la lectura se haya cruzado alguien como Miquel Silvestre que con su singularidad ha sido capaz de sembrar el germen de nuestro Motoclub, aunque creo que a muchos de nosotros también a nivel personal ha hecho tilín en nuestros corazones.

Las buenas noticias también son noticias y si algo funciona bien también debe ser reconocido, no lo demos por supuesto porque lo echaremos de menos cuando lo perdamos.

Allá en lo alto del Pico de Buitre, los Silver´s nos comportamos como esa oveja negra que supo esquivar las piedras que les tiraban a dar y entre más pasan los años más me aparto del rebaño porque no sé a dónde va….

Montamos nuestras tiendas formando un pequeño círculo, nuestro rincón, donde empezamos a disfrutar de nuestra expedición Javalambre. Aquí compartimos las viandas para reponer fuerzas y empezamos a reírnos de que por un segundo no perdimos el grupo que había arrancado sin previo aviso y completamente desorganizado en un giro inesperado de salida de la vía principal. La tienda donde se suponía debíamos abastecernos para la cena, estaba cerrada. La “masterclass” de conducción OFF ROAD se celebró en un secarral a pleno sol de verano y se resumió en unas palabras: hazlo como a ti te vaya bien… El lugar donde supuestamente debíamos pernoctar estaba cerrado y sin posibilidad de acceso. No voy a continuar por no hacerme pesado.

Pero aquí es donde un chaval de 14 años dio un giro inesperado a la noche. El hijo de nuestro compañero Javi de Murcia es un gran aficionado a la fotografía y, ya casi en la media noche, después de que nos hicieran entrega de la camiseta y pegatinas más caras de toda mi vida, tuvo la ocurrencia de preguntarnos si queríamos ir al helipuerto con ellos porque iban a hacer fotografías del cielo estrellado que teníamos encima de nosotros.

¡Qué espectáculo! Mirar a lo alto y ver con la claridad y nitidez el brillo de las estrellas era un paisaje hermoso. Era una visión que ya tenía olvidada. El silencio, la oscuridad, el viento, el frescor de la noche y allí tumbado en plena naturaleza era una grata experiencia. Pero mirar hacia abajo también era una visión interesante. Nuestro delegado estaba de nuevo disfrutando su pasión por la fotografía siguiendo las indicaciones del joven talento. Aquello era un no parar de tiempos de exposición, encuadres, ángulos de inclinación. Uno tras otro se sucedían los disparos de las cámaras fotográficas. Y de pronto yo empecé a reconocer las constelaciones que, cuando era más joven, habían llamado mi atención mientras me interesaba por la astrofísica. Osa Mayor, Osa Menor, Casiopea, Orión, Vía láctea… allí estaban. 

Juan Carlos hizo una descripción de la situación muy acertada: esto sólo puede ocurrir en el Silver Reader Motoclub, unos socios aficionados a la fotografía haciendo fotografías de un paisaje estrellado y otro socio describiendo lo que se estaba fotografiando, una enriquecedora coincidencia.

Una vez puesto final a tan emocionado momento, debíamos descansar. Habíamos decidido recoger la tienda antes de la salida del sol y emprender el regreso lo antes posible junto a nuestras familias porque habíamos tenido suficiente dosis de colectivo motero y no íbamos a continuar con las actividades del domingo.

Para esta ocasión la autovía se convirtió en nuestro mejor aliado porque devoramos los kilómetros con suma rapidez y a la hora del almuerzo ya teníamos nuestras motos en el garaje.

¿Habrá Expedición Javalambre SRMC…?

 

Carlos Ivars. S-127

  • Expedición Javalambre
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