Algunos os preguntaréis qué hacían los alemanes que nos menciona Miquel Silvestre en las Américas, formando parte de nuestros #exploradoresolvidados.
Para conocer la causa, hay que remontarse al principio del reinado de Carlos I. Por su origen, conocía bien a los banqueros alemanes más poderosos del momento, los Fugger y los Welser. Ambas familias concedieron al emperador Carlos V importantes créditos para poder sufragar los gastos del cada vez mayor imperio, con numerosos frentes que requerían mucho dinero, como Flandes y el Nuevo Mundo.
Esto motivó que el 27 de marzo de 1528 se firmara un convenio entre la Corona y la casa de los Welser, grandes comerciantes además de banqueros, en el que se saldaba la deuda a cambio del arrendamiento de unas tierras en Tierra Firme que abarcaba desde Cabo de Vela hasta Maracapana y que no era otra que la Provincia de Venezuela, constituida el mismo día mediante Real Cédula, y que los alemanes llamarían Pequeña Venecia.
Este contrato obligaba a los Welser a fundar dos ciudades en un plazo de 2 años, además de otras obligaciones. A cambio se le concedía importantes privilegios, entre los que destacaba que de los metales que extrajesen, no pagarían el quinto real sino el décimo durante los primeros cuatro años, incrementando la aportación real cada año hasta alcanzar el quinto al cabo de 10 años.
Aunque podían nombrar gobernadores, estaban sujetos a aprobación de la Corona además de estar sometidos a las leyes españolas, debiendo responder de sus actuaciones ante las autoridades reales.
Los Welser ya disponían de una factoría en La Española, sin embargo, el salto de la isla al continente era muy goloso, sobre todo porque entonces se hablaban de inmensas riquezas en unas tierras desconocidas. Se empezaba a hablar del mito de El Dorado y que todos ansiaban.
De esta forma, llegaron los conquistadores alemanes como, Nicolás Federman, Felipe de Utre, Jorge de Espira y Ambrosio Alfinger, el primer gobernador alemán, al Nuevo Mundo y de los que os iré contando en su momento.