Tal día como hoy, el 17 de junio de 1527, partiría la última expedición de Pánfilo de Narváez. Una desastrosa empresa en la que encontraría la muerte como casi todos los que le acompañaban.
Nació en Navalmanzano (Segovia) en algún momento entre 1470 y 1480. Era alto con una voz vigorosa y buen conversador, según le describen.
Se cree que llegó a las Indias en 1498 y se le ubica en Jamaica en 1508. Fue quien rescató a Alonso de Ojeda tras su fracasada expedición por el Caribe.
Pánfilo de Narváez, que no tenía nada de tranquilo, prefería la acción, por lo que en 1510 se sumó como capitán a la expedición de su paisano y amigo Diego Velázquez de Cuéllar para explorar la isla de Cuba, cuya completa conquista finalizó en 1513 con algunas escaramuzas con indígenas a los que no gustaron la presencia castellana. Aunque la historia atribuye la conquista a Velázquez por encabezar la expedición, una parte importante recae sobre Narváez. Fundó en 1514, por orden de Velázquez, en el sur de la isla, San Cristóbal de La Habana. Hay que tener presente que la ciudad se movió en noviembre de 1519 al actual emplazamiento, al norte de la isla. Esto se debió a la mejor climatología del lugar y el descubrimiento del canal de las Bahamas que facilitaba el tráfico marítimo entre España y América.
Tras las expediciones de Francisco Hernández de Córdoba y Grijalva de 1517, cuando descubrieron el Yucatán, Velázquez de Cuéllar solicitó a la Corona autorización para explorar las nuevas tierras, enviando a España a Narváez junto al clérigo Benito Martín y Gonzalo de Guzmán. Pánfilo aprovechó la visita para obtener para sí mismo algunas ventajas fiscales y económicas.
Mientras tanto, el 18 de noviembre de 1518, Hernán Cortés partió desde Santiago de Cuba y tras hacer escala en Trinidad y San Cristóbal de la Habana, emprendía su viaje el día 10 de febrero de 1519 hacia Yucatán sin las autorizaciones, convirtiéndose así en enemigo de Velázquez.
Una vez que Pánfilo de Narváez volvió de España, comandaría una poderosa armada de 19 navíos y mil cuatrocientos soldados zarpando rumbo a México el día 15 de marzo de 1520. Siguió la misma ruta que Hernández de Córdoba, Grijalva y Cortés hasta llegar a La Villa Rica de la Vera Cruz, fundada por Hernán Cortés en abril 1519. Cerca de allí fundó la ciudad de San Salvador, desde donde pactó con Moctezuma en contra Cortés. Desde ese momento ambos exploradores maniobraron entre los seguidores del contrario para lograr su apoyo, haciendo uso de sobornos y promesas.
A pesar de contar Narváez con un imponente ejército muy superior al de Cortés, la mayor parte del ejército se pasó al bando de éste, dejando al segoviano a merced de Hernán Cortés. El tira y afloja terminó en la noche del 28 al 29 de mayo, con una escaramuza en la que nuestro protagonista perdería un ojo.
Quedó preso durante tres años hasta que Cortés lo liberó.
El de Navalmanzano viajó a Castilla para quejarse del maltrato recibido, y aunque en un principio Carlos I accedió a castigar a Hernán Cortés, finalmente cambiaría de opinión, dejando el acto de traición y detención impune.
El 11 de noviembre de 1526 se firmaron las capitulaciones a favor de Pánfilo de Narváez para explorar La Florida con el título de adelantado y gobernador. El 17 de junio de 1527 zarpaba desde Sanlúcar de Barrameda con cinco navíos y seiscientos hombres, entre los que se encontraba Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Tras hacer escala en Cuba para reponerse de una tormenta que los dejó mermados, prosiguieron ruta con doscientos hombres menos. El 15 de abril de 1528, tras sufrir un huracán, arribaban a las costas de Tampa. Uno de los barcos retornó a Cuba a por refuerzos. En tierra establecieron contacto con unos indios ataviados con oro y éstos los mandaron a un lugar llamado Apalache, donde supuestamente extraían ese preciado metal. Pánfilo decidió dividir la hueste en dos, una que exploraría por tierra con trescientos hombres, con nuestro protagonista a la cabeza y acompañado por Cabeza de Vaca y los restantes bordeando en barco la costa para reencontrarse en un puerto natural.
La expedición fue dura y penosa atravesando pantanos y humedales hasta que en junio, tras dos meses de penalidades, llegaron a Apalache (cerca de la actual Tallahassee). Pero allí no había oro ni riquezas. Apenas era un poblado de cuarenta chozas repletas de pobreza. Decidieron volver a la costa mientras eran perseguidos, hostigados y atacados por los indios. Padecían hambre y eran devorados por los insectos mientras huían de los indios. Llegaron al Mississippi y con unas canoas que construyeron, lograron cruzar la desembocadura. Sufrieron una nueva tormenta y las embarcaciones, que no estaban preparadas para navegar por el mar, se hundieron. Los supervivientes fueron llegando dispersos a la costa de la actual Texas. A la altura de la actual Galveston, cerca de la isla que Núñez de Vaca llamó Mal Hado (Mala Suerte), Pánfilo de Narváez desaparecería arrastrado por el mar.
De los trescientos expedicionarios sólo sobrevivieron cuatro, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Alonso del Castillo Maldonado, Andrés Dorantes de Béjar y el negro Estebanico (o Estebanico de Azamor), que vagaron durante más de nueve años hasta llegar a Nueva España.
El resto de la expedición murió de hambre, cazados por los indios, ahogados y algunos incluso devorados.
Antes de partir desde España, una morisca predijo que el final de la flota sería malo y que pocos de los que le siguieran saldrían con vida.
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